El corazón y la artritis reumatoide

 La evidencia indica un vínculo directo entre la artritis reumatoide y las cardiopatías

 

Se sabe que la inflamación contribuye al deterioro de los vasos sanguíneos y es también uno de los factores de riesgo de las enfermedades cardiacas. Generalmente, los pacientes con artritis reumatoide (AR) muestran mayores niveles de inflamación en el cuerpo, afectando a otros órganos y tejidos además de las articulaciones. De hecho, los individuos con AR presentan más del doble del riesgo de enfermedades del corazón y desarrollo de insuficiencia cardiaca (especialmente si la prueba del factor reumatoide o FR es positiva) que el resto de la población, según un estudio de la Clínica Mayo publicado en American Heart Journal en 2013.

¿Cómo afecta la AR el corazón?

La inflamación asociada a la AR hace que se estrechen los vasos sanguíneos, lo cual resulta en la formación de placa, una sustancia dura que consiste en colesterol, calcio y otra materia atrapada que puede bloquear las arterias y entorpecer el paso de la sangre. Partes de esta placa se pueden desprender y fluir con la sangre, donde podrían tapar vasos de menor tamaño y provocar un ataque cardiaco o un derrame cerebral.

El corazón de las personas con AR también puede verse inflamado, posiblemente contribuyendo al mayor riesgo de insuficiencia cardiaca. A menudo, las señales usuales de advertencia de insuficiencia cardiaca pueden pasar desapercibidas: la hinchazón de las pantorrillas puede confundirse por inflamación de los tobillos, la falta de aliento puede ser inadvertida pues los individuos con AR tienden a hacer menos ejercicio que los demás, y la fatiga también es común en ellos.

La inflamación de la membrana que rodea al corazón, conocida como pericardio, también es más común en los pacientes de AR. Esto origina un dolor agudo e intenso en el pecho. Además, las personas con AR tienen un mayor riesgo de desarrollar un trastorno del ritmo cardiaco llamado fibrilación auricular, que se asocia con un incremento en el riesgo de insuficiencia cardiaca, derrame cerebral y muerte. Por lo tanto, controlar la inflamación es fundamental en estos pacientes, no solo para proteger las articulaciones, sino el corazón.

El riesgo de ataque cardiaco aumenta tan pronto como se efectúa el diagnóstico de AR

Los pacientes diagnosticados con AR pueden presentar problemas durante el primer año, según un estudio publicado en 2010 por el Journal of Internal Medicine. Entre las personas con AR, el riesgo de tener un ataque al corazón se eleva un 60% de uno a cuatro años luego del diagnóstico de AR. El riesgo de otras formas de enfermedades coronarias como angina e infarto aumenta 50% al mismo tiempo. Aunque no todos los factores contribuyentes se conocen bien, está claro que el controlar precozmente la AR y afrontar todos los factores de riesgo de cardiopatías identificados en el momento del diagnóstico es vital para prevenir daños cardiovasculares adicionales.

Determinando el riesgo a enfermedades cardiovasculares

Al diagnosticarle AR, su médico revisará los factores predisponentes a enfermedades cardiacas tales como índices elevados de colesterol, masa corporal y presión sanguínea, además de su historial familiar de problemas cardiovasculares. El doctor también puede medir la cantidad de grasa abdominal, la cual está más directamente relacionada con estos padecimientos que la grasa en otras partes del cuerpo.

En general, mientras más grave la AR, mayor el riesgo a desarrollar cardiopatías como infarto, derrame cerebral e insuficiencia cardiaca. Ciertas medicinas empleadas en el tratamiento de la AR también pueden contribuir a estos trastornos, como lo son los AINE y los corticosteroides, y deben utilizarse con precaución si usted posee otros factores de riesgo a este tipo de enfermedades.

Asimismo, las mujeres con AR que presentan la menopausia antes de los 45 años aumentan su riesgo a enfermedades cardiovasculares. Esto se debe a que, luego del climaterio, el cuerpo produce menos cantidad de la hormona estrógeno, misma que ejerce un efecto protector contra los padecimientos del corazón.

No obstante, evaluar el riesgo de enfermedades cardiacas en alguien con AR puede ser un reto. Por ejemplo, la alta inflamación a veces origina que los niveles de colesterol caigan, de modo que el doctor puede pensar que un individuo con AR no posea gran riesgo a estos trastornos si las pruebas de colesterol salen bajas. Lo mismo ocurre respecto al peso, una inflamación alta está vinculada con la pérdida de peso, así que nuevamente, el médico pudiera creer que el paciente con AR tiene un riesgo cardiaco menor.

Los científicos están dedicados a identificar indicadores inmunológicos más específicos, como el incremento en las concentraciones de ciertas citosinas (moléculas pro inflamatorias que genera el sistema inmunológico), que se asocia al desarrollo de cardiopatías en pacientes con AR.

¿Cómo puede proteger al corazón?

Un estilo de vida activo, una dieta balanceada y mantener la inflamación corporal bajo control pueden reducir el riesgo de desarrollar problemas cardiovasculares. Hable con su médico sobre sus opciones. Indague qué programas en su área le podrían servir para estar activo físicamente. Quizá le convendría considerar consultar a un experto en nutrición.