Obesidad y osteoartritis 

Más allá de sobrecargar las articulaciones, la obesidad puede promover su deterioro.

La grasa hace más que situarse en lugares inconvenientes y dificultarle abrocharse los pantalones. El exceso de grasa en el cuerpo puede destruir las articulaciones de formas que sorprenden a los investigadores.

“Sabemos que la obesidad es el factor de riesgo prevenible número uno de la osteoartritis (OA), pero no se ha estudiado porque todos piensan que solo sobrecarga las articulaciones”, explica el Dr. Guilak, del Centro Médico de la Universidad de Duke en Carolina del Norte.

Él y otros empiezan a preguntarse si la obesidad por sí sola es la responsable de la destrucción articular. Algunos atletas ejercen fuerzas biomecánicas mucho más grandes en las rodillas que la obesidad. No obstante, los individuos obesos son los más susceptibles a la OA en muñecas, dedos y manos. Las manos a veces llevan cargas pesadas (como levantar una maceta) pero no el peso del cuerpo (no las usamos para caminar).

En las personas con tal sobrepeso como para denominarlas obesas (que se define como un exceso de 20 libras del rango superior de peso ideal para su edad y sexo), este peso extra de grasa conlleva peligros ocultos que los investigadores como Guilak apenas empiezan a dilucidar.

El tejido adiposo (grasa) está formado por millones de millones de células llamadas adipocitos. Las últimas investigaciones han empezado a esclarecer cómo las respuestas inadecuadas a altos niveles de glucosa y citocinas (sustancias del sistema inmunológico) de los adipocitos destruyen las articulaciones. Como reacción a estos compuestos, los adipocitos forman grandes cantidades de sustancias propias llamadas adipocinas.

Año tras año de mantenerse obeso acaba por generar una inflamación crónica baja. No es una reacción del sistema inmunológico como la que origina una infección, sino una respuesta base de sustancias que con el tiempo dañan los tejidos tales como el de las articulaciones.

El Dr. Mooney, profesor de patología de la Universidad de Rochester en Nueva York enfoca sus investigaciones originalmente sobre diabetes y obesidad en el hígado, a los efectos de la obesidad y diabetes en las enfermedades musculo esqueléticas. Su experiencia a cerca de los problemas metabólicos de la diabetes le indica que los adipocitos también pueden ser una mala influencia en las articulaciones.

Para estudiar la conexión entre trastornos metabólicos y la osteoartritis, Mooney utilizó un modelo de ratones diabéticos. En un artículo publicado anteriormente en Arthritis Research and Therapy, el equipo de Mooney investigó si una dieta rica en grasa podía provocar daños articulares en los ratones diabéticos.

Descubrieron que la obesidad en sí misma no bastaba para estropear las articulaciones, pues incluso los ratones que pesaban menos presentaron cambios en el tejido articular que indicaban el desarrollo de OA. También observaron que en todos los ratones se manifestaron deficiencias metabólicas mucho antes de que tuvieran un gran sobrepeso.

El Dr. Mooney ahora trata de descifrar las vías moleculares que van de trastornos metabólicos a daños en las articulaciones, con la esperanza de encontrar una posible terapia; quizá al corregir la diabetes (y la resistencia a la insulina) se logre retrasar el avance de la OA.

El vínculo entre obesidad y OA es realmente complicado. Los adipocitos secretan muchas adipocinas, una de las cuales es leptina, la cual regula el metabolismo y el peso corporal. Los investigadores deben descubrir si la leptina y otras adipocinas relacionadas pueden dañar el cartílago directamente o si actúan como intermediarias.

El Dr. Guilak y su equipo de científicos estudian si el ejercicio puede reducir la inflamación de una dieta rica en lípidos. En un experimento en el que se alimentaron ratones con una dieta altamente grasosa, tanto los ratones que corrieron un equivalente a dos millas cada noche como los que no hicieron ejercicio terminaron obesos. Sin embargo, en los que se les permitió correr se vio que el solo hecho de hacer ejercicio disminuyó la inflamación y la gravedad de la OA.

Ahora Guilak estudia si distintos tipos de grasas pueden conducir a inflamación y daño articular. Por lo pronto, dice que los individuos obesos pueden proteger sus articulaciones aunque no bajen de peso. “Haciendo régimen es como va a adelgazar”, afirma el investigador, “correr dos millas diarias no es suficiente para superar una dieta llena de grasa, ni en los ratones ni en las personas. Es muy difícil hallar un balance si su ingesta es exagerada”

Todas estas recomendaciones de consumir pocas grasas y hacer ejercicio parecieran demasiado trilladas, pero piénselo, insiste Guilak: una vez que la osteoartritis ataca, los huesos y las articulaciones están en el camino de la enfermedad articular degenerativa, en cuya última etapa el remplazo de articulación podría ser la única opción.