Artritis juvenil y depresión

Los niños con artritis son vulnerables a la depresión; infórmese.

Preocupaciones como encajar, quedar fuera de ciertas actividades, tomar medicamentos regularmente (a veces con agujas), vivir con dolor impredecible y sentir una pérdida de control sobre sus cuerpos, son comunes entre los niños con artritis idiopática juvenil (AIJ) y son algunas de las razones que los expertos dan para la depresión infantil.

Las cifras varían, pero los estudios muestran que hasta el 15% de los niños con AIJ presentan depresión clínica, y otro 20% quizá tenga problemas de estado de ánimo "subclínicos" o de menor grado.  

"Cosas tan simples como correr, jugar y desahogarse a veces no son una opción para los niños con AJ", dice la Dra. Sandy Roland, directora de psicología del Texas Scottish Rite Hospital for Children en Dallas. "El dolor constante tampoco ayuda, y existe una gran correlación entre el síndrome de dolor crónico y la depresión en los adultos que probablemente también exista en los niños. Es un ciclo continuo en el cual el dolor causa estrés, generando depresión y luego la depresión empeora el dolor ".

Las investigaciones sugieren que hay una relación circular similar entre la depresión y los trastornos del sueño, que son más comunes en los niños con AJ que en los demás. Un estudio en niños con AIJ poliarticular reveló que la depresión y el dolor estaban relacionados a un sueño deficiente, el que a su vez se asocia a un incremento de dolor y depresión.

Pistas de depresión

Es más difícil diagnosticar depresión en niños que en adultos, asevera Roland, pero los padres, que conocen mejor a sus hijos, a menudo perciben los cambios que podrían indicar problemas del estado de ánimo.

"Esté atento a cambios de humor o comportamiento, como pérdida o aumento del apetito; alteraciones del sueño; falta de interés en lo que solía ser divertido o nuevas dificultades para concentrarse, o con amigos, o en la escuela", añade. "Las corazonadas de los padres a menudo pueden indicarles cuando algo anda mal".  

Ponga atención a:

  • Irritabilidad o enfado
  • Cambios del estado de ánimo
  • Sentimientos de tristeza o desesperanza persistentes
  • Reclusión social o aislamiento  
  • Mayor sensibilidad al rechazo
  • Llanto o berrinches
  • Baja autoestima, sentimientos de impotencia
  • Fatiga o falta de energía
  • Manifestaciones físicas como dolores de estómago o de cabeza que no responden al tratamiento
  • Pensamientos sobre la muerte, comportamiento autodestructivo o suicida

"Cuando los padres comienzan a ver señales que les preocupan, deben hablar con el pediatra o reumatólogo de su hijo, quien puede aconsejarles que observen cuidadosamente si los problemas aparecen con más frecuencia o empeoran, o recomendar una cita con un psicólogo," explica Roland.

Cómo pueden ayudar los padres

Roland aconseja identificar la raíz de los problemas del estado de ánimo. "Por ejemplo, si hay dolor, entonces ayúdele para que sea el jefe de su dolor en lugar de que el dolor sea su jefe", señala. "Si la depresión se debe a no poder hacer su actividad favorita, asístalo para que encuentre una nueva opción".

Los padres también pueden ayudar a que sus hijos busquen estrategias para afrontar los desafíos cotidianos y los relacionados con la AJ. "Debido a que los niños con AJ a veces no pueden lidiar con sus problemas igual que otros niños, por ejemplo, a través de mucha actividad física, pueden desarrollar hábitos que les mantengan en una mentalidad y perspectiva negativas de la vida, lo que podría conducir a la depresión ", agrega Roland.

Por ejemplo, observe el desempeño escolar, el aislamiento y la somatización (proceso inconsciente donde la angustia psicológica se expresa en síntomas físicos). En casos de somatización, el niño puede jugar a estar enfermo, rehusar ir a la escuela o tomarse los medicamentos. Y, en su adolescencia, podrían recurrir a comportamientos riesgosos.

Mantener un diálogo abierto y honesto con los menores sobre los miedos será de utilidad. No intente "endulzar" los dolores de la artritis y sus tratamientos, diciendo que la aguja no duele. Mejor ayúdelo a enfrentar los temores con técnicas positivas, como la distracción, leer un libro o practicar la relajación muscular progresiva.

Auxiliar a sus hijos a manejar el estrés, el dolor y la fatiga y a desarrollar mejores hábitos de sueño también evitará los cambios de humor.    

También le servirá desarrollar la autoconfianza en los niños. Las investigaciones sugieren que los niños con AIJ que tienen una "eficacia propia" más alta (que es similar a la autoestima), son menos vulnerables a la depresión que los niños que no tienen tanta confianza.

"La autoeficacia describe la capacidad de sentirse seguro de poder tener éxito en algo", declara Roland. "En general, los niveles más altos de autoestima y autoeficacia protegen contra la depresión y la ansiedad. Los niños con mayor autoestima son más optimistas, y una perspectiva optimista ayuda a impedir que la depresión y la ansiedad se tornen severas ".

Aconseja fomentar la autoestima de los niños, permitiéndoles asumir la responsabilidad de las tareas que están lo suficientemente maduros para realizar con éxito, como las labores diarias o, en los niños mayores, tomarse los medicamentos. "Luego, alábelos más, más y más", propone.

No obstante, si siente que usted y su hijo lo han intentado todo y que nada les funciona, tal vez sea el momento de llevar al menor con un terapeuta.