Meditación

 

Como estudiante del Centro Zen de San Francisco en los años 60s, Darlene Cohen practicó la meditación, dedicando horas cada día a la concienciación de la iluminación. Casi una década después, el diagnóstico de artritis reumatoide (AR) le llevó a reorientar su atención en controlar su dolor ---y ayudar a otros a hacer lo mismo.  Encuentre felicidad y paz en momentos de dolor

 “Al principio, mi dolor era tan intenso que temía que mi meditación no surtiera efecto”, recuerda Darlene. Entonces empezó a entrenarse con un maestro de autocuración, quien le enseñó que el cuerpo tiene una tremenda capacidad de redirigir el dolor.

Después de terminar los estudios de psicología y un certificado como profesora de masajes y movimiento, Darlene empezó a instruir a otros con enfermedades crónicas en prácticas de meditación y concentración que involucran movimiento suave. Desde entonces ha sido ordenada sacerdotisa Zen.

Darlene, de 65 años, admite que su enfoque no es para todos. Por 25 años ella ha elegido la meditación y el ejercicio en lugar de los medicamentos para aliviar su dolor. “Al colaborar con sus doctores y fisioterapeutas, ayudo a otros a desarrollar una consciencia que está deseosa de vivir sin dolor”, explica. “Es importante que la gente se de cuenta de que como quiera que sea su vida ---con o sin dolor---, es todo lo que tienen.”

La meditación ha enseñado a Darlene a fijar su atención en los pequeños detalles de la vida. “Así es como he sido una persona tan feliz todos estos años en medio del dolor”, expresa. “Pero no creo que el individuo promedio necesite 30 años de experiencia en la meditación para alcanzar esto. Son los pequeños placeres --- los objetos hechos a mano en su habitación, los pequeños regalos de su familia o amigos --- los que conforman la vida, incluso en la adversidad, algo muy placentero.”

(Tomado de AT May/June 2008)

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