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La experiencia de un hombre con la gota

Después de vivir con gota por 30 años, Jim Klososky se da cuenta de que descuidar el tratamiento le ha costado caro.

Por Heidi Bragg

Existen más de 100 formas de artritis y, juntas, afectan a casi 60 millones de personas en los Estados Unidos. Si bien algunas formas de la enfermedad son más comunes que otras, cada una afecta a las personas de maneras diferentes. Una de las formas más comunes es un tipo terriblemente doloroso llamado gota. Los brotes de gota afectan a más de 9 millones de estadounidenses y pueden causar dolor intenso e inmovilidad. Y gracias a las hormonas, los hombres tienen cuatro veces más probabilidades de vivir con gota que las mujeres, especialmente las mujeres que no han llegado a la menopausia. (Después de la menopausia, las mujeres tienden a padecerla con más frecuencia).

La gota está causada por niveles elevados de ácido úrico (hiperuricemia). El ácido úrico se elimina del cuerpo a través de la orina y el sudor, pero en las personas con gota, los niveles de ácido úrico son demasiado altos para que el cuerpo los elimine por completo. El ácido úrico se acumula y forma fragmentos cristalizados que migran a las articulaciones inferiores, generalmente al dedo gordo del pie. Estos cristales son como pequeños trozos de vidrio que rasgan el tejido y provocan un dolor intenso. El inicio de un ataque de gota, o brote, es repentino e inesperado y, a menudo, ocurre durante la noche.

Diagnóstico

A pesar de su prevalencia y sus síntomas evidentes, la gota a menudo no se diagnostica. Los médicos y los pacientes pueden atribuir el dolor a una fractura o a un esguince. Otros aguantan el dolor en su casa y directamente no van al médico. Pero si no se trata, la gota puede causar daños irreversibles en las articulaciones afectadas. Jim Klososky tuvo la suerte de recibir un diagnóstico temprano, por lo que es menos probable que sufra daño articular permanente.

"Me desperté con un dolor extremo", cuenta Jim, recordando su primer ataque de gota hace unos 30 años. "Creí que me había quebrado el dedo gordo, pero no sabía cómo. Tenía unos 20 años y era camarero, así que había bebido un poco. Pensé que quizás simplemente no lo recordaba. El dolor y la hinchazón me hicieron acordar a una fractura que había tenido, así que simplemente supuse que era lo mismo".

Pero las pruebas y las radiografías no mostraron signos de fractura. Cuando Jim le dijo a su médico que comía muchos alimentos grasos y consumía alcohol con regularidad, este sospechó que el dolor se debía a la gota. La alimentación, el consumo de alcohol y la genética influyen en la aparición de la enfermedad.

"Mi médico no tardó mucho en atar cabos y darse cuenta de que estaba sufriendo un brote de gota", cuenta Jim. "Sé que muchas otras personas no son diagnosticadas en su primer ataque. O bien, postergan la consulta con el médico o reciben un diagnóstico erróneo. Afortunadamente, mi médico tenía experiencia en la enfermedad. Me recetó medicamentos diarios y un medicamento de emergencia para ayudarme a controlar mi brote. Los medicamentos funcionaron perfectamente. Me sentí mejor en un par de días y puede seguir con mi vida habitual".

De cara al futuro

A medida que Jim maduró, también cambió su actitud con respecto a la dieta y el alcohol. Para mantener los brotes de gota bajo control, finalmente limitó el consumo de alcohol y los alimentos grasos, ya que ambos pueden desencadenar un brote. Durante años, Jim controló su gota sin medicamentos diarios, solamente siguiendo una dieta saludable para contrarrestar su enfermedad. Pero cuando llegó a los 50 años, la dieta por sí sola ya no podía prevenir los ataques. A medida que comenzó a tener brotes más frecuentes, volvió a consultar al médico.

"Los medicamentos para la gota no cambiaron mucho en los 30 años que hace que convivo con esta enfermedad", comenta Jim. "Pero yo sí cambié. Ahora sé que tomar mis medicamentos diarios es muy importante para estar sano. Seguir una dieta adecuada y no consumir alcohol ya no es suficiente para mantener mis brotes bajo control. Con la medicación, puedo controlar mi gota y prevenir ataques graves que puedan dejarme postrado en la cama e inmovilizado durante días".

Saber cuándo y cómo pedir ayuda es importante para mantenerse saludable. En el caso de Jim, muchas veces pensó que podía manejar el dolor solo. Tomar medicamentos todos los días parecía innecesario en su juventud, cuando los brotes eran muy esporádicos. Y cuando tenía brotes, pensaba que si simplemente aguantaba uno o dos días, se le pasaría. Pero ahora, Jim se da cuenta de que esa actitud podría haberle provocado un daño irreversible en las articulaciones, por lo que se concentra en vivir bien con gota.

"Los hombres no deben ser tan tercos y presuponer que el dolor simplemente pasará si esperan", afirma Jim. "Mi mejor consejo es que si sienten dolor, vayan al médico. No tiene sentido sufrir cuando existen medicamentos que pueden ayudar. El dolor te aleja de las cosas que te gustan y las personas que amas. Cuanto más envejezco, más me doy cuenta de lo importante que es disfrutar de cada minuto de mi vida".

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